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Michael Frizot |
Leía que alguien dijo que nos es más fácil pensar en el fin del planeta tierra y la humanidad, que en el fin del capitalismo, y me parece errado: si, quizás si nos ponemos a defender algunos de nuestros pocos privilegios esa idea sería real ¿pero si los cuestionamos? Claro que nadie rompe un muro solo, pero cada golpe va sumando y experiencias sobran: Por algo el poder sigue dándo golpes de vuelta, por algo ideas como el anarquismo, el antiespecismo o el feminismo, entre otras, que quizás no apuestan por llegar al poder ahora son perseguidas, y digan lo que digan así es: Nos espantamos por bombas y ataques incendiarios, pero podemos tolerar playas y ríos contaminados, catástrofes nucleares que nos están envenenando como la de Fukushima, muertxs y asesinados en nuestro beneficio, “por nuestra tranquilidad”.
La negra sigue colgando del poste donde la asesinaron los matones de la empresa eléctrica, lxs cabrxs siguen escondidxs de la “ley”, Lemún, Catrillanca, la Machi Linconao...
Nos sobran energías, decidámonos a romper con las normas y lo establecido, no porque seamos algo especial o sobrenatural, sino simplemente porque necesitamos respirar más profundo que breves suspiros en lo cotidiano. Fortalezcamos nuestras redes, pongámosles hilos fuertes, basados en el respeto y la confianza, en la solidaridad, recordemos que no es que el paco o el político no disfruten de la alegría: Es que ellxs no saben compartirla, ese es su problema, y tienen tanto miedo que piensan que atesorando y defendiendo su propia alegría llegarán a algún lado.
Cada piedra, cada molotov, cada bombazo, cada centro social ocupado, cada antisistema en todas sus formas, cada animal liberado, cada planta brotando del pavimento es una luz más en esta oscura noche que nos ha tocado vivir, y ningunx de ellxs está solo: Somos miles, millones, royendo los cables de esta máquina y construyendo túneles que nos conectan los unxs con lxs otrxs.